Siempre me han preocupado aquellas personas que denominan un hecho de manera diferente según les conviene. Realmente me asusta el que denomina asesinato la acción que mata a su amigo y heroicidad la que mata a su enemigo.
También trabajando como médico, me han preocupado las personas que me solicitan que no le diga la verdad al paciente sobre su dolencia y que quieren decidir por él lo que le conviene y lo que no le conviene.
Una vez dicho esto, pueden entender que me preocupe cuando un creyente, denomina a la persona que realiza el mismo hecho de abandonar una fe o creencia para abrazar a otra: converso o renegado, según sea abandonada o aceptada la fe o creencia del que califica la acción.
Me preocupan esas personas que juzgan de una forma moral y abandonan las actitudes éticas, porqué con seguridad no han evolucionado hacia una moral adulta y se han quedado en la moral de los niños o como máximo de los adolescentes.
La conciencia moral de los niños es de tipo pre-convencional, los niños deciden lo que está bien o está mal en relación al placer o a la evitación de displacer que le produce la acción, y es por eso que precisan el avisador que habitualmente se ha denominado “castigo” para interpretar como mala o productora de displacer la acción realizada.
Los adolescentes tienen una moral de tipo convencional, ya son capaces de evaluar los resultados de su acción, un adolescente hará o no una acción en relación a que pienso o no que tendrá una consecuencia negativa o no. Pero también los adolescentes empiezan a funcionar por comparación y en sus inicios argumentales utilizan la famosísima frase “a mis amigos sus padres sí les dejan”.
Cuando llegamos a la moral de los adultos de tipo post-convencional, hemos de ser capaces de decidir lo bueno o malo de una acción o situación por argumentos, y también de introducir las premisas éticas en la evaluación. Las respuesta de adultos como “siempre ha sido así” , “todos los demás lo hacen” y “esta es mi o nuestra posición” nos llevan a determinar que ese adulto no ha llegado a la fase de conciencia moral post- convencional y desgraciadamente los estudios demuestran que el 80% de los adultos no llegan nunca a ese nivel.
Hemos de ser capaces de argumentar nuestras ideas, creencias y acciones, y no dejarnos arrastrar por lo habitual, lo cultural, la norma y ese horrible incapacitador que es la pertenencia.
Como ejemplo: Galileo cuestionó un creencia general: La idea de geocentricidad, por la cual fue encarcelado y finalmente tuvo que retractarse para evitar el presidio. Pero realmente a Galileo no le atacó la creencia, le atacaron los que se la creían y fueron incapaces de argumentar.
Desgraciadamente, tenemos demasiados ejemplos de agresiones por cuestionamiento de creencias y me continúan preocupando esos creyentes (no sus creencias) totalmente incapaces de autocriticarse y ser modestos pensado que podrían estar equivocados.
PD: Me preocupan tanto los que creen una cosa como creen otra sin capacidad de argumentar lo creído.